Entre els braços nocturns m'aixoplugava,
Tot deixant que l'amarga sal corrés
Per la meva pell, mentre tu, a través
De la finestra, veies que et mirava.
Sortires al balcó enmig de rosers
Vermells remullats per la pluja blava,
Mentre aquesta pluja de cop minvava.
Llàgrimes del cel lliscant pels carrers.
Vaig poder veure un corrent d'aire fred
Però sa presència no vaig sentir.
Miralls de pena en la humida paret
Que naixien amb el fi de morir.
Cel blau. Em llances l'escala infinita
I jo em sento gran i alhora petita.
10 de nov. 2010
7 de nov. 2010
Joia (sentiment i tresor)
Sorolls de fons.
La nit és plena
de joia i pena
omplint els balcons.
Les fulles marrons,
dansant amb les verdes,
lluiten violentes;
començ de tardor.
Els focs causen remor
de veus de joia plenes,
mes a veus de tristesa
amb un somrís respons.
Sorolls de fons.
La nit és plena.
Eufòria o pena,
tu ho omples tot.
La nit és plena
de joia i pena
omplint els balcons.
Les fulles marrons,
dansant amb les verdes,
lluiten violentes;
començ de tardor.
Els focs causen remor
de veus de joia plenes,
mes a veus de tristesa
amb un somrís respons.
Sorolls de fons.
La nit és plena.
Eufòria o pena,
tu ho omples tot.
13 d’oct. 2010
Lluna, lluneta
Càlida lluna, clara i lluminosa,
Freda lluneta, corrent entre vents.
Plou, plou, lluneta, els bassals calents
Fins que l'esma et manqui i et deixi closa.
Closa lluneta; lluna, ben brillant.
La lluna somriu trista entre amarg fum,
I l'embolcalla amb ses ales de llum.
Pobra lluneta, il·lumina el gal·lant.
La pobra lluneta pobra ja no és.
On s'ha vist lluneta com camps florida?
De la sal de la pluja amarga n'és
Nascut un bell gran paradís en vida.
Quin paradís pot fer bategar el cor
I alhora pansir-lo fins mort?
L'amor.
Freda lluneta, corrent entre vents.
Plou, plou, lluneta, els bassals calents
Fins que l'esma et manqui i et deixi closa.
Closa lluneta; lluna, ben brillant.
La lluna somriu trista entre amarg fum,
I l'embolcalla amb ses ales de llum.
Pobra lluneta, il·lumina el gal·lant.
La pobra lluneta pobra ja no és.
On s'ha vist lluneta com camps florida?
De la sal de la pluja amarga n'és
Nascut un bell gran paradís en vida.
Quin paradís pot fer bategar el cor
I alhora pansir-lo fins mort?
L'amor.
31 d’ag. 2010
Dulces pesadillas
- Estrella de mi corazón…
Yo no te oía, pero tú me llamabas mientras yo, subida a aquél escenario, me dejaba la piel en él.
Era un día nuboso como otro cualquiera de aquella época. Al contrario que en la mayoría de historias que se suelen contar, los pájaros no cantaban, las flores no tenían color, el cielo no era azul, el sol no brillaba, ni la luna tampoco. Las luces iluminaban aquél antro oscuro sin pena ni gloria, alguna incluso se averió durante el concierto.
Era un día nuboso como otro cualquiera de aquella época.
- Canta para mí!
No te veía ni te oía. Ni siquiera sabía si estabas entre los cuatro borrachos que asistían al espectáculo. Sin embargo te sentía y sabía lo que estabas pensando. Para mí era como leer las estrellas mirando con lupa su reflejo en el agua de un charco.
Al acabar el concierto, después de esquivar la evidente proposición sexual de un borracho que hizo que me sintiera un pedazo de carne con guinda (otra vez) y de no recibir ninguna felicitación a parte de la que mis compañeros fielmente me daban después de cada actuación, me puse la chaqueta y salí del antro. La calle estaba oscura. Eran las tres de la madrugada y no había ninguna farola encendida. La única luz que había, aunque débil, era la de una habitación donde una madre intentaba calmar a su bebé, que lloraba y chillaba por quién sabe qué razón. Me hubiera gustado poder unirme al crío.
A partir de ese momento no recuerdo nada más. Creo que me desmayé, me sentía muy débil. Pero al despertarme estaba corriendo bajo la lluvia con la respiración muy agitada y los ojos abiertos como platos, aterrorizada.
- Estrella, hermosa, no huyas, cántame…
Corría desesperadamente, resbalándome y chocándome contra todo lo que encontraba por mi camino, pero no avanzaba. Era como correr en una cinta de un gimnasio.
Entonces miré atrás. Fue cuando descubrí que los sueños te persiguen.
Yo no te oía, pero tú me llamabas mientras yo, subida a aquél escenario, me dejaba la piel en él.
Era un día nuboso como otro cualquiera de aquella época. Al contrario que en la mayoría de historias que se suelen contar, los pájaros no cantaban, las flores no tenían color, el cielo no era azul, el sol no brillaba, ni la luna tampoco. Las luces iluminaban aquél antro oscuro sin pena ni gloria, alguna incluso se averió durante el concierto.
Era un día nuboso como otro cualquiera de aquella época.
- Canta para mí!
No te veía ni te oía. Ni siquiera sabía si estabas entre los cuatro borrachos que asistían al espectáculo. Sin embargo te sentía y sabía lo que estabas pensando. Para mí era como leer las estrellas mirando con lupa su reflejo en el agua de un charco.
Al acabar el concierto, después de esquivar la evidente proposición sexual de un borracho que hizo que me sintiera un pedazo de carne con guinda (otra vez) y de no recibir ninguna felicitación a parte de la que mis compañeros fielmente me daban después de cada actuación, me puse la chaqueta y salí del antro. La calle estaba oscura. Eran las tres de la madrugada y no había ninguna farola encendida. La única luz que había, aunque débil, era la de una habitación donde una madre intentaba calmar a su bebé, que lloraba y chillaba por quién sabe qué razón. Me hubiera gustado poder unirme al crío.
A partir de ese momento no recuerdo nada más. Creo que me desmayé, me sentía muy débil. Pero al despertarme estaba corriendo bajo la lluvia con la respiración muy agitada y los ojos abiertos como platos, aterrorizada.
- Estrella, hermosa, no huyas, cántame…
Corría desesperadamente, resbalándome y chocándome contra todo lo que encontraba por mi camino, pero no avanzaba. Era como correr en una cinta de un gimnasio.
Entonces miré atrás. Fue cuando descubrí que los sueños te persiguen.
16 de juny 2010
Magia
Era un dulce cantar de luna llena,
Una canción que escondía un anhelo;
El sonido de unos ojos de hielo
Que cada noche mecían su cuna.
El deseo de ahogar esa pena,
Aunque flote en el triste desconsuelo…
Ese deseo ahogado en pañuelo
Ahora no tiene importancia alguna.
Es un dulce cantar de luna llena,
Un asombro entre sombras de dolor
Una sonrisa para la esperanza.
Es la silueta de una condena,
Un claro de oscura luz con olor,
Un abrazo de las plumas del cielo.
Una canción que escondía un anhelo;
El sonido de unos ojos de hielo
Que cada noche mecían su cuna.
El deseo de ahogar esa pena,
Aunque flote en el triste desconsuelo…
Ese deseo ahogado en pañuelo
Ahora no tiene importancia alguna.
Es un dulce cantar de luna llena,
Un asombro entre sombras de dolor
Una sonrisa para la esperanza.
Es la silueta de una condena,
Un claro de oscura luz con olor,
Un abrazo de las plumas del cielo.
21 de maig 2010
Ivan y Rainbow: Reflexiones post-mortem
Mi vida cambió un frío y nuboso día de invierno, a mis nueve años de edad. La nieve no cesaba su blanco y lento llanto, y yo la miraba, enamorado, apoyándome con mis codos en el alféizar de la ventana. Y mi pez payaso también la miraba, desde su pecera, junto a mí, pensativo como yo, pero con un deje de preocupación en su mirada acuática.
- Ivan, ¿qué miras con tanta pasión y abstracción?
- Me pregunto dónde estará el abuelo. Mamá me dijo que estaba en todas partes, que era parte de la nieve que cae, parte del calor que traspasa mis poros, parte de la luz que me permite ver. ¿Tú crees que el abuelo está cayendo en forma de copitos de nieve para volver con nosotros al menos hasta fundirse, y que luego se evapora y vuelve al cielo tranquilo por saber que estamos bien?
- Podría ser, Ivan, pero yo te puedo explicar lo que sí sé ciertamente. Cuando una persona muere, no sabe lo que le va a pasar después de perecer. Para saberlo, hay que experimentarlo, pero una vez muerto, ¿cómo contar a los demás tu experiencia? Yo he visto muertos, y te puedo explicar lo que ellos no cuentan. Tu abuelo está ahora aquí, escuchándonos. No lo ves, porque sólo está su alma, pero nos oye y se preocupa mucho por ti. Le duele no poder abrazarte ni hablarte, ni contarte como es el cielo. Pero sí se podría comunicar contigo, tal y como lo ha hecho conmigo. La diferencia está en que tú eres un humano… y yo un pez.
- Entonces, Rainbow, ¿mi abuelo está aquí? Y aunque no lo pueda tocar… ¿podríamos comunicarnos?
- Así es, Ivan. Todo depende de él.
Ahora tengo sesenta y dos años, y me acuerdo mucho de mi abuelo cuando tenía esa misma edad. Pero también me acuerdo de mi pez Rainbow y de lo que me hizo descubrir. Algo que me cambiaría para siempre.
Nadie sabe qué hay detrás de la muerte. Pero mi abuelo me lo contó.
Del mismo modo que había la curiosidad por saber qué hay después de morir, una vez muertas, las personas tenían el mismo tipo de temor, pero aún peor: si se comunicaban con una persona viva, esa persona moriría; recibiría su mensaje, pero moriría. Al querer comunicarse con gente querida, pero no querer que nadie amado perezca, ningún difunto se atrevía a dar el paso. Pero mi abuelo se hartó de huir de la posible fatalidad. Él creía que después de la muerte no había nada, y se encontró con una nueva y muy distinta vida. Así que decidió no creer en las creencias populares y guiarse por su instinto. Fue así como decidió comunicarse conmigo… escribiendo un mensaje para mí, mientras yo hacía los deberes, en una esquina de mi libreta de quinto curso de primaria. De algún modo, sabía que no me pasaría nada. Y así fue. Nos comunicamos por escrito, y quizá sólo eran imaginaciones mías y me convencí yo solito de verlo, pero empecé percibiendo una sombra, aunque en vez de negra era blanca, y cada vez que nos escribíamos desafiando a la autoridad popular, veía más nítido hasta que distinguí a mi abuelo. Un día, de tan real que parecía, quise abrazar el aire. Pero tuve la sensación que incluso el aire que rodeaba a mi abuelo me quería abrazar también.
Él siempre me acompañó, en la vida y en la muerte, y es así como aprendí a no creer en lo que la mayoría de gente cree, a ser diferente y tomar mis propias decisiones y determinaciones, a sentirme orgulloso de quién soy.
Porque siempre habrá alguien que lo aprecie, sea en este mundo o en cualquier otro.
Aprofitant el nom del protagonista, inspirat en una persona especial de la que ahir (quan vaig escriure aquesta història-reflexió) era l'aniversari... FELICITATS IVAN ^^
- Ivan, ¿qué miras con tanta pasión y abstracción?
- Me pregunto dónde estará el abuelo. Mamá me dijo que estaba en todas partes, que era parte de la nieve que cae, parte del calor que traspasa mis poros, parte de la luz que me permite ver. ¿Tú crees que el abuelo está cayendo en forma de copitos de nieve para volver con nosotros al menos hasta fundirse, y que luego se evapora y vuelve al cielo tranquilo por saber que estamos bien?
- Podría ser, Ivan, pero yo te puedo explicar lo que sí sé ciertamente. Cuando una persona muere, no sabe lo que le va a pasar después de perecer. Para saberlo, hay que experimentarlo, pero una vez muerto, ¿cómo contar a los demás tu experiencia? Yo he visto muertos, y te puedo explicar lo que ellos no cuentan. Tu abuelo está ahora aquí, escuchándonos. No lo ves, porque sólo está su alma, pero nos oye y se preocupa mucho por ti. Le duele no poder abrazarte ni hablarte, ni contarte como es el cielo. Pero sí se podría comunicar contigo, tal y como lo ha hecho conmigo. La diferencia está en que tú eres un humano… y yo un pez.
- Entonces, Rainbow, ¿mi abuelo está aquí? Y aunque no lo pueda tocar… ¿podríamos comunicarnos?
- Así es, Ivan. Todo depende de él.
Ahora tengo sesenta y dos años, y me acuerdo mucho de mi abuelo cuando tenía esa misma edad. Pero también me acuerdo de mi pez Rainbow y de lo que me hizo descubrir. Algo que me cambiaría para siempre.
Nadie sabe qué hay detrás de la muerte. Pero mi abuelo me lo contó.
Del mismo modo que había la curiosidad por saber qué hay después de morir, una vez muertas, las personas tenían el mismo tipo de temor, pero aún peor: si se comunicaban con una persona viva, esa persona moriría; recibiría su mensaje, pero moriría. Al querer comunicarse con gente querida, pero no querer que nadie amado perezca, ningún difunto se atrevía a dar el paso. Pero mi abuelo se hartó de huir de la posible fatalidad. Él creía que después de la muerte no había nada, y se encontró con una nueva y muy distinta vida. Así que decidió no creer en las creencias populares y guiarse por su instinto. Fue así como decidió comunicarse conmigo… escribiendo un mensaje para mí, mientras yo hacía los deberes, en una esquina de mi libreta de quinto curso de primaria. De algún modo, sabía que no me pasaría nada. Y así fue. Nos comunicamos por escrito, y quizá sólo eran imaginaciones mías y me convencí yo solito de verlo, pero empecé percibiendo una sombra, aunque en vez de negra era blanca, y cada vez que nos escribíamos desafiando a la autoridad popular, veía más nítido hasta que distinguí a mi abuelo. Un día, de tan real que parecía, quise abrazar el aire. Pero tuve la sensación que incluso el aire que rodeaba a mi abuelo me quería abrazar también.
Él siempre me acompañó, en la vida y en la muerte, y es así como aprendí a no creer en lo que la mayoría de gente cree, a ser diferente y tomar mis propias decisiones y determinaciones, a sentirme orgulloso de quién soy.
Porque siempre habrá alguien que lo aprecie, sea en este mundo o en cualquier otro.
Aprofitant el nom del protagonista, inspirat en una persona especial de la que ahir (quan vaig escriure aquesta història-reflexió) era l'aniversari... FELICITATS IVAN ^^
19 de maig 2010
SÁBADO: Ilusión... doble significado
Era el temblor de un sueño inalcanzable. El temblor de su cuerpo, el temblor de su deseo más vivo. Tenía un sueño y un deseo, ambos eran ambas cosas. Estaba a las puertas de su sueño, micrófono en mano y su pie en el altavoz, gritándole así ella "Quema!". Quema, arde, enciéndete como se enciende mi piel al vomitar en forma de decibelios todas las quemaduras y puñaladas. El mismo ardor de la pasión sonora, un ardor diferente al de las quemaduras y al de la verosimilitud de las historias de su cerebro; ese ardor se le extendia hasta la punta de cada dedo, recordándole que, al menos en aquellos momentos, ella también era humana. Los cuatro eran humanos.
Luego silencio. Algo raro, aunque familiar, se asomaba por la comisura de sus labios, ardientes aún por la voz, y de los demás; algo comúnmente llamado sonrisa, pero sincero. También en sus ojos se notaba esa sonrisa... pero nadie se daba cuenta del poder revelador de los éstos, porque ¿qué ve la gente en unos ojos, sino su color?
Aquél día era el más esperado de la semana. Con el festival sonoro en aquél invernadero apartado, volvía a su "hogar". Como un militar que regresa con su mujer y su niño después de haber luchado donde el sol nace mientras su familia ya merienda, como una víctima de secuestro que es devuelta con sus seres queridos, ella volvía allí donde alguien la quería, allí donde ella misma era alguien. Por la mañana los tres (y el micrófono), por la tarde los seis (y el proyector). Seis personas diferentes que eran capaces de hacerla sentir humana y viva, que le recargaban las fuerzas después del infierno. Lo demás, ya no importaba. No hacía más que destruirla, pero los cuatro y los seis lo compensaban.
Luego, vuelta al infierno. Desconexión.
"Me conocéis de verdad? Lo dudo. Soy una ilusión, una invención. Aunque a medias y con desperfectos, existo un solo día a la semana. Para cuatro y seis personas. Sólo existo los sábados."
Luego silencio. Algo raro, aunque familiar, se asomaba por la comisura de sus labios, ardientes aún por la voz, y de los demás; algo comúnmente llamado sonrisa, pero sincero. También en sus ojos se notaba esa sonrisa... pero nadie se daba cuenta del poder revelador de los éstos, porque ¿qué ve la gente en unos ojos, sino su color?
Aquél día era el más esperado de la semana. Con el festival sonoro en aquél invernadero apartado, volvía a su "hogar". Como un militar que regresa con su mujer y su niño después de haber luchado donde el sol nace mientras su familia ya merienda, como una víctima de secuestro que es devuelta con sus seres queridos, ella volvía allí donde alguien la quería, allí donde ella misma era alguien. Por la mañana los tres (y el micrófono), por la tarde los seis (y el proyector). Seis personas diferentes que eran capaces de hacerla sentir humana y viva, que le recargaban las fuerzas después del infierno. Lo demás, ya no importaba. No hacía más que destruirla, pero los cuatro y los seis lo compensaban.
Luego, vuelta al infierno. Desconexión.
"Me conocéis de verdad? Lo dudo. Soy una ilusión, una invención. Aunque a medias y con desperfectos, existo un solo día a la semana. Para cuatro y seis personas. Sólo existo los sábados."
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